Ridículo reduccionismo
Pubblicato da Diego Medina su maggio 15, 2007
Caro Ciro, temes que pueda parecer que no has dado respuesta a mi pregunta, y ciertamente podría entenderse que con el nuevo reto que planteas la has evitado, sin embargo no es así; como tienes por costumbre, la has afrontado y además lo has hecho como tu muy bien sabes hacer, delimitando el espacio al que deberá circunscribirse nuestro dialogo en el próximo futuro. Debo confesarte que no esperaba menos de ti, y debo confesar que, otra vez, has dejado muy alto el listón.
Es cierto, querido amigo; llevas razón en lo que dices, antes de dirigir nuestra atención hacia los valores -a esos valores a los que jamás llegaremos de seguir el método científico que la modernidad, obstinada en el poder de la razón y heredera de aquel “freddoloso francese”, nos ha legado- deberíamos considerar la forma en que deberíamos entender propiamente la vida. Ahora, al respecto, me viene a la mente uno de los grandes genios de la filosofía del pasado siglo. Me refiero a Edmund Husserl. -¿sabes que nació justo 100 años antes que tu y que yo?, un 8 de abril de 1859 (entre tu 29 de febrero y mi 10 de mayo); esa coincidencia, aunque meramente casual, siempre me ha generado una extraña y complaciente sensación-. “Zu den Sachen selbst”; “A las cosas mismas”, decía el de Prossnitz. ¿Ves?, tú sugieres ahora algo parecido, deberíamos ir a la vida misma: a la naturaleza de la vida. ¡Cuanto juicio demuestras en tus palabras!
Pues bien, debo admitir que llevas razón, pero, por otra parte, no es nada fácil lo que sugieres. Plantearse la naturaleza de la vida es, como tu bien sabes, algo no exento de complejidad -y sabes que cuando digo complejidad no quiero decir que la vida sea algo complicado como algunos ingenuos reduccionistas consideran-. Como sabes la complejidad no es fuente de incertidumbre sino aquello que la dejar ver. La comprensión de la complejidad de la vida y la aceptación de tal circunstancia nos permite advertir la ridiculez intelectual de quienes, empequeñeciendo la vida y la naturaleza, la reducen a puro materialismo determinista. La complejidad es una cualidad inherente a la vida y la advertimos cuando nos planteamos el sentido mismo de aquella, permitiéndonos reconocer, como tú has sabiamente expuesto, que el único sentido de la vida proviene de aquello que se va construyendo conforme vamos haciendo la historia.
De este modo, una vez que asumimos que la naturaleza humana es -como parece no pueda ser discutido- creativa, resulta imposible aceptar ya que la vida sea algo puramente determinado. El reduccionismo determinista se convierte así en ridículo. Mi angustia, querido Ciro, parece ir desvaneciéndose conforme desaparece de nuestro diálogo esa cruda y desnuda visión que revela el materialismo determinista. Sí estoy más tranquilo, y si como tu dices “l’uomo progetta e vive oltre la vita: egli fa la storia”, entonces ya no cabe duda, no es posible ningún determinismo, no es posible profetizar el futuro socio-histórico; y no es posible, porque la continua actividad creativa y la libre determinación del hombre sobre la historia hace imposible la predicción de ésta. Evidentemente, la historia es pues temporalidad y es vida.
La vida, así considerada, no resulta ya un mero engranaje biológico predeterminado por una genética que pre-impone a los individuos roles asignados funcionalmente. Como tú, apreciado napolitano, apuntas -recurriendo a tu coterráneo y siempre admirado Vico- la complejidad de la vida nos impide conocerla, si bien no nos impedirá interpretarla. Pero para ello deberemos esperar a que trascurra, a que sea “vida vivida”. Quiero decir, que la vida puede sólo ser interpretada una vez que ya es historia. La vida es pues temporalidad. Y, dicho esto, no puedo por menos que acordarme del polémico discípulo de nuestro citado filósofo alemán. Como supondrás me refiero a Martín Heidegger. Ya sabes cuanto admiro aquella obra suya: “Ser y tiempo”; la vida es “ser y tiempo”, es creación. ¿Recuerdas? “Das werden ist das unwerden”. ¡Cuanta sabiduría en tan corta frase! Si, amigo mío, nos vamos des-haciendo, y tal vez hundiendo en un nihilismo aterrador del que deberemos hablar aquí ya en muy poco tiempo.
He querido hablarte hoy de la complejidad de la vida y de la ridiculez intelectual con que algunos la afrontan. Podemos hablar de nihilismo o de, como tu la llamas, la visión tendencialmente instrumental de la vida que se está afirmando, poco a poco, en nuestros ordenamientos jurídicos. Pero, querido Ciro, ¿no es verdad que todo esto se corresponde con la imposición de una inconsciente tendencia hacia el reduccionismo científico-racionalista (fruto del contaminador germen sembrado por aquel freddoloso francese) que, desde hace tiempo, tiende a reducirlo todo a esquemas deterministas? Y ¿no es menos cierto, Ciro, que -debido a la insuficiencia espiritual de tales esquemas- no sirven y son incapaces, para representar la realidad? Para explicar lo que quiero decir te pongo un ejemplo: ¿podemos reducir la explicación de los conflictos armados a una cuestión sólo económica? Yo creo que no, yo creo que la explicación de las guerras -y tu de esto sabes mucho, y precisamente por eso te pongo este ejemplo- no puede reducirse sólo a factores económicos. En el inicio y desarrollo de las guerras intervienen también otros muchos factores políticos, culturales, religiosos, etc. que no podemos ignorar.
Caro Ciro mi fermo qui. Adesso sono io a non sapere se ho risposto alla tua domanda. Pero me pregunto y te pregunto a ti -ahora con mayor tranquilidad, puesto que los fantasmas del determinismo parecen lejanos-: si la vida es complejidad y si la complejidad es creación, es historia o es cultura, ¿no te parecería necesario cultivar la vida?, ¿no te parece necesario que alimentemos “ciò che nella naturà c’è dato?.
Habrá, pues, que alimentar la vida para que no muera por inanición.
Por último, ¿No crees que, de algún modo, ese nihilismo, al que haces referencia, sea el producto de habernos olvidado esa obligación? Seguro que algo tendrás que decir acerca de esto.
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